Hace algún tiempo, al viajar en metro, me encontré con algunos sordomudos; creo que eran tres o cuatro. De inmediato despertaron mi curiosidad: la forma en la que movían sus manos para comunicarse era prodigiosa; lo hacían con tal rapidez y viveza que sentí deseos de poder “escuchar” su conversación, de la que sólo me llegaba su carácter no inteligible, como si escuchara una lengua desconocida o un mensaje cifrado.
Quise entonces conocer su lenguaje, para ser capaz de participar en la discusión con la vehemencia que observaba. Hasta ese momento no me había interesado por aprender el lenguaje de señas. Ni siquiera había considerado la posibilidad de hacerlo. Como si no fuera necesario. Como si bastase con el propio idioma o algún otro extranjero. ¿Y quienes más extraños que para mí que aquéllos que no conocía y cuyo lenguaje me era incomprensible?
¿Quiénes son, entonces, las personas silentes? Algunos autores los asocian con el término discapacidad o minusvalía (Santillán y Valles Valenzuela, 2004) y definen a ésta como:
…las desventajas en las que se encuentra un individuo determinado a causa de una deficiencia o discapacidad física o mental, que le limita o impide desarrollar las actividades comunes y corrientes como el resto de la sociedad. Esta incapacidad puede ser producida antes, durante o después del nacimiento.
Las discapacidades pueden ser de tres tipos: sensorial, física o psíquica. Las personas sordas padecen el primer tipo de discapacidad. La discapacidad es gradual, pues implica a los hipoacústicos, cuya pérdida auditiva es menos severa, a aquellos que conservan algún tipo de audición y a quienes padecen sordera de nacimiento, es decir, los sordomudos.
En cuanto a los discapacitados auditivos éstos se agrupan en cinco tipologías de sordera:
Presbiacusia. En ella están contenidas las personas cuya pérdida auditiva se debe al envejecimiento natural de los seres humanos. Debido al envejecimiento, las células pilosas del oído interno sufren algún daño o desaparecen. Por tanto, el resultado es la pérdida de la capacidad auditiva.
Sordo ceguera. Este tipo de discapacidad abarca ambos sentidos: la vista y el oído. Aunque la pérdida de ellos puede ser parcial, no absoluta. La gran mayoría de las personas sordociegas conserva en alguna medida las facultades visuales y auditivas.
Hipoacúsia. Es la disminución del nivel auditivo por debajo de los niveles normales. Es de dos tipos: reversible y permanente. Se es reversible cuando mediante algún tipo de tratamiento es factible devolver la capacidad auditiva; permanente, cuando los tratamientos son insuficientes para restaurar dicha facultad.
Sordera post locutiva. Como su nombre lo indica, este tipo de sordera se produjo cuando la persona ahora afectada ya era capaz tanto de hablar como de leer. Puede deberse a algún tipo de traumatismo o enfermedad.
Cofosis. Es la sordera total.
Pero, ¿qué están haciendo las bibliotecas para atender a este tipo de comunidad? Algunas bibliotecas nacionales, principalmente de países desarrollados, cuentan ya con servicios y material documental específicamente dirigidos a personas con discapacidad. Revisemos tan sólo el caso de tres de ellas: la Biblioteca Nacional de Francia, la de Escocia y la de Estados Unidos.
En la Biblioteca Nacional de Francia, por ejemplo, el acceso a las salas de lectura es gratuito al presentar una credencial de minusvalía. Desafortunadamente, esta biblioteca se aboca más a servir a los discapacitados visuales con equipo técnico como cabinas sonorizadas, aparatos de video que permiten engrandecer textos impresos o manuscritos y lupas electrónicas portátiles. El servicio de extensión cultural proporciona intérpretes de lenguaje de señas en actividades como exposiciones temporales.
Otra biblioteca nacional, la de Escocia, tiene equipo especial para proporcionar servicio a usuarios con discapacidad visual, como lupas, computadoras con pantallas alargadas y el sistema de lectura Aladdin Rainbow Pro CCTV. Como un servicio, es posible preordenar más de seis materiales de lectura. Para los usuarios con discapacidad auditiva, existen circuitos inductivos portátiles.
La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, por su parte, posee materiales en formatos especiales, libros parlantes, música, revistas, periódicos y textos en caracteres especiales; en cuanto a los servicios, está el servicio de préstamo en sala y cuenta con intérpretes de lenguaje de signos.
Finalmente, consideremos a la Biblioteca Nacional de México. En ella, está la Sala Especial de Tiflológico en la que se ofrece servicio a ciegos y débiles visuales; se ofrece el servicio de préstamo interno. También está el servicio de grabación automatizada, edición de materiales impresos en programas como Screen Reader, Open Book y Jaws. Igualmente es posible transcribir de Braille a caracteres comunes y viceversa y talleres que instruyen cómo manejar los equipos. Desafortunadamente, parece que también esta biblioteca se centra de manera exclusiva en este tipo de discapacitados e ignora a otros, como los sordomudos, a los que ni siquiera menciona.
Pero ¿existe alguna normatividad publicada que oriente sobre cómo planear y llevar a cabo servicios bibliotecarios para personas silentes? Pues sí, existen los Lineamientos para los Servicios Bibliotecarios para Personas Sordas, publicado por la IFLA. En ellos, se indica, en el apartado consagrado a los servicios, que “todas las colecciones, los servicios y los programas de la biblioteca deberían ser accesibles a su clientela sorda.” Y más adelante, se agrega que “las bibliotecas deberían promocionar, en forma contundente y llamativa, sus programas y servicios a su comunidad sorda.” En el comentario que sigue a estas recomendaciones se advierte de manera lapidaria que si no se promueve los programas y servicios de manera adecuada, el trabajo y los recursos asignados para ofrecer los servicios tendrán un valor muy reducido. Por ende, se debe planear de manera muy concienzuda la promoción tanto de los programas como de los servicios.
¿Cómo promover, entonces, la biblioteca, sus programas y servicios entre la comunidad sorda? Una manera muy efectiva puede ser la utilización de material visual que puede ser colocado dentro de la biblioteca misma o en sus cercanías, como un cartel, en el que por medio de texto e imagen se atraiga la concurrencia de este tipo de usuario o se promocione algún servicio o programa.
¿Qué características debe tener un cartel para cumplir con su cometido? Empecemos con la definición de éste.
Un cartel “es un medio masivo de comunicación para transmitir mensajes visuales” . Es una hoja de papel en el que la idea es comunicada por medio de imagen y texto. Tiene las siguientes aplicaciones:
Proporciona información sobre actividades sociales, educativas, culturales, deportivas y políticas.
Ayuda a formar hábitos para conservar la salud, mejorar el ambiente, conservar los recursos naturales, etc.
Contribuye en la prevención de enfermedades y accidentes.
Es un medio para educar en el conocimiento de lugares, objetos, señales de circulación, normas de conducta, etc.
Promueve la distribución y venta de productos y servicios.
Con respecto a las ventajas, éstas son el ser un medio de comunicación cuyo mensaje es captado de manera instantánea y aunque el espectador no esté interesado. Otra de sus ventajas es ser de larga duración, a causa de su permanencia en un sitio por un tiempo determinado y el bajo costo de producción.
Son factores que influyen en las dimensiones del cartel el lugar en que será colocado y el público al que está destinado. Por ende, tenemos dos tipos de cartel:
1) Carteles ideados para ubicarse en muros exteriores y destinados al público en general, a personas que pasan. Su tamaño estándar es 70 cm x 1 metro, para los grandes y 40 x 60 cm, para los más pequeños.
2) Carteles que no sobrepasan los 40 x 60 cm e ideados para ubicarse en muros internos, en vitrinas y mostradores. Están proyectados para un público más especializado o con un determinado interés y que por ello puede observarlos con más tranquilidad.
Iván Tubau (1991, p. 16) añade a la caracterización de los dos tipos lo siguiente:
El primer tipo de cartel “debe influir en el transeúnte de forma más intensa y rápida, pues se da por sentado que será visto sólo un pequeño número de veces por cada persona.” En cuanto al segundo, indica: “ Cuando el cartel se destine a un público más especializado … puede ser más elaborado, menos agresivo, más informativo: el público al que va destinado sabe ya “de qué va” el asunto.”
De acuerdo con las especificaciones mencionadas para la elaboración de un cartel, el ideado para promover la utilización de la biblioteca entre la comunidad sorda fue pensado para colocarse en lugares donde pase mucha gente. Por consiguiente, sus dimensiones responden a las necesidades de ser visto por el mayor número de personas. Parecería una paradoja que si está destinado a una comunidad específica, posea esas dimensiones. Pero la paradoja es aparente: a pesar de estar proyectado para un público determinado, éste no lo va a mirar en lugares más restringidos, sino en grandes instalaciones de libre acceso.
La idea del cartel está plasmada según se preconiza, mediante imagen y texto, como se muestra a continuación:
El concepto que guía el texto del cartel es la sensibilidad de la biblioteca a otro tipo de usuarios y a su lenguaje. Es decir, la biblioteca debe ser capaz de entender otros lenguajes, como el de señas, y de comunicarse con él para entender a quienes no pueden usar el lenguaje oral. La imagen pretende reforzar la idea del texto, es decir, en el globo de la viñeta se incluye una serie de manos que expresan, según el lenguaje de señas, algunas letras de su alfabeto. Quien “emite” estas letras, entonces, es capaz de formar oraciones y por tanto, de comunicarse y de comprender a su interlocutor.
Conclusiones
Las bibliotecas necesitan planear e implementar programas y servicios diseñados exclusivamente para personas con discapacidad auditiva. Deben, por tanto, desarrollar colecciones que satisfagan las necesidades de información de este tipo de usuarios. Con el desarrollo de colecciones será posible averiguar qué tipo de material es necesario que posea la biblioteca así como las características de la comunidad a la que se pretende servir y sus necesidades de información.
Asimismo, es necesario contar con personal capacitado para tratar al tipo de usuario considerado. Es preciso, entonces, que conozca el lenguaje de señas. Es aconsejable contratar también, si lo hay, personal sordomudo para que tenga una interacción más espontánea con los posibles usuarios.
Existe discriminación por parte de las bibliotecas hacia la comunidad sorda. Las bibliotecas, preferentemente, se abocan a atender otro tipo de discapacitados, como los ciegos, débiles visuales e incluso personas cuya discapacidad estriba en una movilidad limitada. La discapacidad de los sordos, al ser menos evidente, ocasiona que la atención hacia ellos se diluya.
Bibliografía
1. ANDRADE REYES, Marcela y CASTRO AVENDAÑO, Rosa Elena. Lectura y discapacidad auditiva. XIV Conferencia Internacional de Bibliotecología “Información y ciudadanía: desafíos públicos y privados.” Santiago de Chile, Noviembre de 2009. 13 p.
2. SANTILLÁN- RIVERO, Emma y VALLES-VALENZUELA, Javier. Las bibliotecas nacionales y los servicios para discapacitados. Anales de documentación, 2004, no.7, p. 1-13
3. BIBLIOTECA NACIONAL DE FRANCIA. Biblioteque Nationale de France.[en línea] Francia: Biblioteque Nationale de France. [Consulta: 8 diciembre 2009] Disponible en Internet: http://www.bnf.fr/
4. NATIONAL LIBRARY OF SCOTLAND. National Library of Scotland. [en línea] Escocia: National Library of Scotland. [ Consulta: 11 diciembre 2009] Disponible en Internet: http://www.nls.uk/
5. LIBRARY OF CONGRESS. Library of Congress [ en línea] Estados Unidos: Library of Congress [ Consulta 11 diciembre 2009] Disponible en Internet: http://www.loc.gov/index.html
6. BIBLIOTECA NACIONAL DE MÉXICO. Biblioteca Nacional de México. [en línea] México: Biblioteca Nacional de México. [Consulta 14 diciembre 2009] Disponible en Internet: http://biblional.bibliog.unam.mx/bibn/
7. Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones de Bibliotecas. Lineamientos para los servicios bibliotecarios para personas sordas. 2ª. Ed. IFLA: La Haya, 2000. 25p. Informes Profesionales de IFLA, no.24
8. CHÁVEZ, CHÁVEZ, E. Manual para la elaboración de carteles. México: ILCE, 1990. 50p.
9. TUBAU, Iván. Dibujando carteles. España: Ediciones CEAC, 1991. 136p.
Quise entonces conocer su lenguaje, para ser capaz de participar en la discusión con la vehemencia que observaba. Hasta ese momento no me había interesado por aprender el lenguaje de señas. Ni siquiera había considerado la posibilidad de hacerlo. Como si no fuera necesario. Como si bastase con el propio idioma o algún otro extranjero. ¿Y quienes más extraños que para mí que aquéllos que no conocía y cuyo lenguaje me era incomprensible?
¿Quiénes son, entonces, las personas silentes? Algunos autores los asocian con el término discapacidad o minusvalía (Santillán y Valles Valenzuela, 2004) y definen a ésta como:
…las desventajas en las que se encuentra un individuo determinado a causa de una deficiencia o discapacidad física o mental, que le limita o impide desarrollar las actividades comunes y corrientes como el resto de la sociedad. Esta incapacidad puede ser producida antes, durante o después del nacimiento.
Las discapacidades pueden ser de tres tipos: sensorial, física o psíquica. Las personas sordas padecen el primer tipo de discapacidad. La discapacidad es gradual, pues implica a los hipoacústicos, cuya pérdida auditiva es menos severa, a aquellos que conservan algún tipo de audición y a quienes padecen sordera de nacimiento, es decir, los sordomudos.
En cuanto a los discapacitados auditivos éstos se agrupan en cinco tipologías de sordera:
Presbiacusia. En ella están contenidas las personas cuya pérdida auditiva se debe al envejecimiento natural de los seres humanos. Debido al envejecimiento, las células pilosas del oído interno sufren algún daño o desaparecen. Por tanto, el resultado es la pérdida de la capacidad auditiva.
Sordo ceguera. Este tipo de discapacidad abarca ambos sentidos: la vista y el oído. Aunque la pérdida de ellos puede ser parcial, no absoluta. La gran mayoría de las personas sordociegas conserva en alguna medida las facultades visuales y auditivas.
Hipoacúsia. Es la disminución del nivel auditivo por debajo de los niveles normales. Es de dos tipos: reversible y permanente. Se es reversible cuando mediante algún tipo de tratamiento es factible devolver la capacidad auditiva; permanente, cuando los tratamientos son insuficientes para restaurar dicha facultad.
Sordera post locutiva. Como su nombre lo indica, este tipo de sordera se produjo cuando la persona ahora afectada ya era capaz tanto de hablar como de leer. Puede deberse a algún tipo de traumatismo o enfermedad.
Cofosis. Es la sordera total.
Pero, ¿qué están haciendo las bibliotecas para atender a este tipo de comunidad? Algunas bibliotecas nacionales, principalmente de países desarrollados, cuentan ya con servicios y material documental específicamente dirigidos a personas con discapacidad. Revisemos tan sólo el caso de tres de ellas: la Biblioteca Nacional de Francia, la de Escocia y la de Estados Unidos.
En la Biblioteca Nacional de Francia, por ejemplo, el acceso a las salas de lectura es gratuito al presentar una credencial de minusvalía. Desafortunadamente, esta biblioteca se aboca más a servir a los discapacitados visuales con equipo técnico como cabinas sonorizadas, aparatos de video que permiten engrandecer textos impresos o manuscritos y lupas electrónicas portátiles. El servicio de extensión cultural proporciona intérpretes de lenguaje de señas en actividades como exposiciones temporales.
Otra biblioteca nacional, la de Escocia, tiene equipo especial para proporcionar servicio a usuarios con discapacidad visual, como lupas, computadoras con pantallas alargadas y el sistema de lectura Aladdin Rainbow Pro CCTV. Como un servicio, es posible preordenar más de seis materiales de lectura. Para los usuarios con discapacidad auditiva, existen circuitos inductivos portátiles.
La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, por su parte, posee materiales en formatos especiales, libros parlantes, música, revistas, periódicos y textos en caracteres especiales; en cuanto a los servicios, está el servicio de préstamo en sala y cuenta con intérpretes de lenguaje de signos.
Finalmente, consideremos a la Biblioteca Nacional de México. En ella, está la Sala Especial de Tiflológico en la que se ofrece servicio a ciegos y débiles visuales; se ofrece el servicio de préstamo interno. También está el servicio de grabación automatizada, edición de materiales impresos en programas como Screen Reader, Open Book y Jaws. Igualmente es posible transcribir de Braille a caracteres comunes y viceversa y talleres que instruyen cómo manejar los equipos. Desafortunadamente, parece que también esta biblioteca se centra de manera exclusiva en este tipo de discapacitados e ignora a otros, como los sordomudos, a los que ni siquiera menciona.
Pero ¿existe alguna normatividad publicada que oriente sobre cómo planear y llevar a cabo servicios bibliotecarios para personas silentes? Pues sí, existen los Lineamientos para los Servicios Bibliotecarios para Personas Sordas, publicado por la IFLA. En ellos, se indica, en el apartado consagrado a los servicios, que “todas las colecciones, los servicios y los programas de la biblioteca deberían ser accesibles a su clientela sorda.” Y más adelante, se agrega que “las bibliotecas deberían promocionar, en forma contundente y llamativa, sus programas y servicios a su comunidad sorda.” En el comentario que sigue a estas recomendaciones se advierte de manera lapidaria que si no se promueve los programas y servicios de manera adecuada, el trabajo y los recursos asignados para ofrecer los servicios tendrán un valor muy reducido. Por ende, se debe planear de manera muy concienzuda la promoción tanto de los programas como de los servicios.
¿Cómo promover, entonces, la biblioteca, sus programas y servicios entre la comunidad sorda? Una manera muy efectiva puede ser la utilización de material visual que puede ser colocado dentro de la biblioteca misma o en sus cercanías, como un cartel, en el que por medio de texto e imagen se atraiga la concurrencia de este tipo de usuario o se promocione algún servicio o programa.
¿Qué características debe tener un cartel para cumplir con su cometido? Empecemos con la definición de éste.
Un cartel “es un medio masivo de comunicación para transmitir mensajes visuales” . Es una hoja de papel en el que la idea es comunicada por medio de imagen y texto. Tiene las siguientes aplicaciones:
Proporciona información sobre actividades sociales, educativas, culturales, deportivas y políticas.
Ayuda a formar hábitos para conservar la salud, mejorar el ambiente, conservar los recursos naturales, etc.
Contribuye en la prevención de enfermedades y accidentes.
Es un medio para educar en el conocimiento de lugares, objetos, señales de circulación, normas de conducta, etc.
Promueve la distribución y venta de productos y servicios.
Con respecto a las ventajas, éstas son el ser un medio de comunicación cuyo mensaje es captado de manera instantánea y aunque el espectador no esté interesado. Otra de sus ventajas es ser de larga duración, a causa de su permanencia en un sitio por un tiempo determinado y el bajo costo de producción.
Son factores que influyen en las dimensiones del cartel el lugar en que será colocado y el público al que está destinado. Por ende, tenemos dos tipos de cartel:
1) Carteles ideados para ubicarse en muros exteriores y destinados al público en general, a personas que pasan. Su tamaño estándar es 70 cm x 1 metro, para los grandes y 40 x 60 cm, para los más pequeños.
2) Carteles que no sobrepasan los 40 x 60 cm e ideados para ubicarse en muros internos, en vitrinas y mostradores. Están proyectados para un público más especializado o con un determinado interés y que por ello puede observarlos con más tranquilidad.
Iván Tubau (1991, p. 16) añade a la caracterización de los dos tipos lo siguiente:
El primer tipo de cartel “debe influir en el transeúnte de forma más intensa y rápida, pues se da por sentado que será visto sólo un pequeño número de veces por cada persona.” En cuanto al segundo, indica: “ Cuando el cartel se destine a un público más especializado … puede ser más elaborado, menos agresivo, más informativo: el público al que va destinado sabe ya “de qué va” el asunto.”
De acuerdo con las especificaciones mencionadas para la elaboración de un cartel, el ideado para promover la utilización de la biblioteca entre la comunidad sorda fue pensado para colocarse en lugares donde pase mucha gente. Por consiguiente, sus dimensiones responden a las necesidades de ser visto por el mayor número de personas. Parecería una paradoja que si está destinado a una comunidad específica, posea esas dimensiones. Pero la paradoja es aparente: a pesar de estar proyectado para un público determinado, éste no lo va a mirar en lugares más restringidos, sino en grandes instalaciones de libre acceso.
La idea del cartel está plasmada según se preconiza, mediante imagen y texto, como se muestra a continuación:
El concepto que guía el texto del cartel es la sensibilidad de la biblioteca a otro tipo de usuarios y a su lenguaje. Es decir, la biblioteca debe ser capaz de entender otros lenguajes, como el de señas, y de comunicarse con él para entender a quienes no pueden usar el lenguaje oral. La imagen pretende reforzar la idea del texto, es decir, en el globo de la viñeta se incluye una serie de manos que expresan, según el lenguaje de señas, algunas letras de su alfabeto. Quien “emite” estas letras, entonces, es capaz de formar oraciones y por tanto, de comunicarse y de comprender a su interlocutor.
Conclusiones
Las bibliotecas necesitan planear e implementar programas y servicios diseñados exclusivamente para personas con discapacidad auditiva. Deben, por tanto, desarrollar colecciones que satisfagan las necesidades de información de este tipo de usuarios. Con el desarrollo de colecciones será posible averiguar qué tipo de material es necesario que posea la biblioteca así como las características de la comunidad a la que se pretende servir y sus necesidades de información.
Asimismo, es necesario contar con personal capacitado para tratar al tipo de usuario considerado. Es preciso, entonces, que conozca el lenguaje de señas. Es aconsejable contratar también, si lo hay, personal sordomudo para que tenga una interacción más espontánea con los posibles usuarios.
Existe discriminación por parte de las bibliotecas hacia la comunidad sorda. Las bibliotecas, preferentemente, se abocan a atender otro tipo de discapacitados, como los ciegos, débiles visuales e incluso personas cuya discapacidad estriba en una movilidad limitada. La discapacidad de los sordos, al ser menos evidente, ocasiona que la atención hacia ellos se diluya.
Bibliografía
1. ANDRADE REYES, Marcela y CASTRO AVENDAÑO, Rosa Elena. Lectura y discapacidad auditiva. XIV Conferencia Internacional de Bibliotecología “Información y ciudadanía: desafíos públicos y privados.” Santiago de Chile, Noviembre de 2009. 13 p.
2. SANTILLÁN- RIVERO, Emma y VALLES-VALENZUELA, Javier. Las bibliotecas nacionales y los servicios para discapacitados. Anales de documentación, 2004, no.7, p. 1-13
3. BIBLIOTECA NACIONAL DE FRANCIA. Biblioteque Nationale de France.[en línea] Francia: Biblioteque Nationale de France. [Consulta: 8 diciembre 2009] Disponible en Internet: http://www.bnf.fr/
4. NATIONAL LIBRARY OF SCOTLAND. National Library of Scotland. [en línea] Escocia: National Library of Scotland. [ Consulta: 11 diciembre 2009] Disponible en Internet: http://www.nls.uk/
5. LIBRARY OF CONGRESS. Library of Congress [ en línea] Estados Unidos: Library of Congress [ Consulta 11 diciembre 2009] Disponible en Internet: http://www.loc.gov/index.html
6. BIBLIOTECA NACIONAL DE MÉXICO. Biblioteca Nacional de México. [en línea] México: Biblioteca Nacional de México. [Consulta 14 diciembre 2009] Disponible en Internet: http://biblional.bibliog.unam.mx/bibn/
7. Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones de Bibliotecas. Lineamientos para los servicios bibliotecarios para personas sordas. 2ª. Ed. IFLA: La Haya, 2000. 25p. Informes Profesionales de IFLA, no.24
8. CHÁVEZ, CHÁVEZ, E. Manual para la elaboración de carteles. México: ILCE, 1990. 50p.
9. TUBAU, Iván. Dibujando carteles. España: Ediciones CEAC, 1991. 136p.
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